dissabte, 6 de desembre del 2014

2n diumenge d'Advent -cicle B-


 2n Diumenge d'Advent - Cicle B
Què has fet amb el teu germà?  (Gn 4,7)
L'ESPERANÇA ENS OBRE ALS GERMANS


 




● Los profetas
mantenían encendida
la esperanza de Israel
y los pobres del mundo
anhelan la liberación.
● Nosotros,
como símbolo de la nueva justicia,
encendemos estas dos velas,
especialmente EL MORADO,
signo de nuestra necesidad
de conversión.
● Que cada uno de nosotros, Señor,
sea tierra preparada,
como Juan Bautista,
para que sepamos abrir
en nuestra vida
y en nuestro mundo,
nuevas rutas al Señor.
● Caminos de justicia y de paz.
¡Ven pronto, Señor!
¡Ven, Salvador!









---------------------------------- NUEVOS CAMINOS 




Lectura primera 
DEL LLIBRE DEL PROFETA ISAÏES - Is 40,1-5.9-11
Obriu al Senyor una ruta

Consuela a tu pueblo, Señor,según tu palabra y tu promesa.
Conduce nuestros pasos y tómanos en tus brazos, 
porque no podemos vivir desterrados de Ti.
Haz con nosotros el camino,ayúdanos a prepararlo 
de tal forma que los más débiles, humillados y abatidos 
puedan caminar con nosotros en la esperanza 
de un mundo fraterno, libre y digno
 para todos tus hijos e hijas hermanos y hermanas nuestros en Jesucristo.
 Así sea. Amén.


DISPUESTOS AL CONSUELO Y A LA LIBERTAD
"La mayor perfección de lo divino se ha manifestado en el ámbito de la misericordia que consuela, ahí es donde está Dios y lo encuentran los límpios de corazón. Ahí está también la verdadera fuente de la libertad, la que salta hasta la vida eterna e inunda todos los corazones apagando la sed de la la tristeza y de la soledad. Hoy el pueblo está en peregrinaje y necesita sentir el abrazo del consuelo y los gestos de liberación que trae el que nos salva, y que nos adentra en el paraíso de lo absoluto y lo definitivo. Hoy como nunca nos toca la labor de allanar los senderos para que todos puedan entrar en las sendas de la justicia verdadera, la que dota de sentido y justifica toda vida que ha sido creada desde y para el amor." (Caritas - Adviento y Navidad 2014-2015 p.51)










 
Lectura segona 
DE LA SEGONA CARTA DE SANT PERE - 2Pe 3,8-14
Esperem un cel nou i una terra nova
Comença l'evangeli de Jesús, el Messies, Fill de Déu.
En el profeta Isaïes hi ha escrit això: «Jo envio davant teu el meu missatger perquè et prepari el camí. Una veu crida en el desert: Obriu una ruta al Senyor, aplaneu-li el camí». Complint això, Joan començà a batejar en el desert.
Predicava un baptisme de conversió, per obtenir el perdó dels pecats, i anaven a trobar-lo de tot arreu de Judea, amb tota la gent de Jerusalem, confessaven els seus pecats i es feien batejar per ell al riu Jordà. El vestit de Joan era de pèl de camell, es cobria amb una pell a la cintura i s'alimentava de llagostes i mel boscana. I predicava així: «Després de mi ve el qui és més poderós que jo, tan poderós que no sóc digne ni d'ajupir-me a deslligar-li la corretja del calçat. Jo us he batejat només amb aigua; ell us batejarà amb l'Esperit Sant».              (Mc 1, 1-8)


 II DIUMENGE D'ADVENT - Cicle B (català)



Segundo Domingo de Adviento Ciclo B ( Castellano )
https://www.youtube.com/watch?v=OyWzy4Dk9IE
Deuxième Dimanche de L´Avent Cycle B ( Français )
https://www.youtube.com/watch?v=p0bad3S7rLY
2nd Sunday of Advent Cycle B ( English )
https://www.youtube.com/watch?v=kH453lp-poQ



QUIERO SERVIRTE EN LOS DEMÁS SEÑOR

Quiero entregar mi vida y lo mejor de mí,
para el servicio a los que me rodean.

Muéstrame los caminos de la solidaridad;
llévame por las huellas de la compasión;
condúceme al horizonte del amor sincero.

Dame tu mano, Señor,
y guíame hacia donde me necesiten.
Te ofrezco mi tiempo, mi esfuerzo,
mis ganas de dar y de darme.

Quiero seguir tu ejemplo:
ser capaz de dar todo por los otros,
vivir con alegría la fiesta del darse,
como tantos que anduvieron estos senderos
y los fecundaron con sus vidas.

Prepara mis manos, mi corazón y mi mente,
para estar atento a los demás,
para tener una mirada que dispuesta a descubrir
tu rostro vivo en los que sufren.

Para vivir tu llamada en los que viven en los márgenes,
para encontrar tu presencia el los que nadie quiere ver.

Dios, Padre bueno,
que quieres el bien y la vida digna para todos,
ayúdame a servirte en los demás,
para vivir honrando tu nombre
y construyendo tu Reino.


Veniu, oh Déu, i distingirem el bé del mal.
Veniu, oh Déu, i deixarem el mal
per només estimar el bé.
Veniu, oh Déu, i no caurem en la temptació.
Veniu, oh Déu, i gracies a Vós sabrem qui som.
Veniu, i feu-nos caminar amb Vós.
Veniu, i feu camí amb nosaltres.
Veniu, i morirem a l’home vell
per viure d’una manera nova.
Veniu, i ens sentirem forts.
Veniu, i ensenyeu-nos la veritat.
Veniu, truqueu a la nostra porta
i deixeu-la oberta perquè tothom entri.
Veniu, porteu del cel el pa de vida
i l’aigua viva que raja fins a l’eternitat.
Veniu, i esborreu el nostre pecat.
Veniu a visitar-nos, Senyor Déu nostre!
Sant Agustí d’Hipona.


 

¿QUÉ HAS HECHO CON TU HERMANO?
La caridad, entendida como la realización del amor de Dios, y el amor, como experiencia profunda de lo humano que se realiza en la justicia y se trasciende en la caridad, se tornan en la motivación fundamental de nuestra acción (MAS).
«Él nos amó primero». Como dice el Papa Fran­cisco en su exhortación Evangelii Gaudium, la aceptación del primer anuncio, que invita a dejar­se amar por Dios y a amarlo con el amor que El mismo nos comunica, provoca en la vida de la per­sona y en sus acciones una primera y fundamental reacción: «desear, buscar y cuidar el bien de los demás» (EG 178).
Esta experiencia es la que nos posibilita y habilita para amar, para salir de nosotros y abrir los ojos y el corazón al encuentro de todo lo creado, en especial, del ser humano. Es el motor que nos im­pulsa a fijarnos en lo que pasa en nuestro entorno y en lo que pasan muchos de los que están en nuestro entorno. Como expresa V. Altaba, es la llamada a observar bien, a estar atentos, a mirar conscientemente, a darnos cuenta de la realidad social, económica y política que nos envuelve, porque en ella podemos escuchar el susurro de Dios que se nos manifiesta y habla en sus criaturas y en lo que el Concilio Vaticano II llamó los signos de los tiempos.
Hoy, estos signos, claman al cielo, como la sangre derramada por Caín, y nos interpelan: ¿Dónde está tu hermano? ¿Qué has hecho? «Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, lo hicisteis a mí» (Mt 25,40). Lo que hagamos a los demás tiene una dimensión trascendente: «Con la medida con que midáis, se os medirá» (Mt 7,2).
Tenemos la libertad de elegir. Responder a nues­tra vocación de fraternidad, manteniendo así el vínculo de reciprocidad y de comunión, o traicio­narla, dejando paso al egoísmo y a la indiferencia en nuestra vida.
Pero resulta difícil mirar hacia otro lado. No po­demos vivir ajenos al drama de los cerca de 6 mi­llones de personas que no tienen trabajo, a los eres o a los cierres de cientos de empresas, a los jóvenes excluidos del mercado de trabajo y con horizonte incierto, al 1.770.000 familias con todos sus miembros en paro y que no llegan a fin de mes con escasas posibilidades de procurar alimento y bienestar básico a sus hijos.
Es imposible no sentir, no escuchar, no querer ver. La respuesta de Caín, «¿soy acaso guardián de mi hermano?»(Gen 4,), se convierte hoy en una pregunta homicida que tiene que interpelarnos porque nos hace cómplices. Nuestra dignidad hu­mana no nos permite ocuparnos sólo de lo nues­tro, ni dejarnos indiferentes ante el derroche de los poderosos y el hambre de los pobres. Hoy también, miles de años después, el dolor del pue­blo de Dios, el dolor de la gran familia humana llega a nosotros como a Moisés: «Ve, pues yo te envío al Faraón para que saques a mi pueblo de Egipto». (Ex 3, 9-10)
Ha llegado el momento de conmovernos y mover­nos, de salir de nuestra tierra, nuestra casa, a otra
tierra de paz y prosperidad, y a otra casa que sea hogar de comunión, pero para llegar allí antes deberemos cargar los unos con los otros, acompa­ñarnos y acogernos, y estar dispuestos a transitar caminos y lenguajes nuevos de justicia, austeridad, de trabajo y bienestar para todos, más allá de nuestros intereses personales e individuales.
Soy guardián de mi hermano, soy guardián de sus derechos, de los nuestros, de los que nos hacen persona. Sin los derechos humanos no podemos abrir la puerta de un orden civil acorde a la digni­dad humana. Todos, somos guardianes de la ver­dad, de la libertad, de la justicia, del amor.
Todos somos convocados por Dios a vivir la fra­ternidad, la mesa compartida, construyendo y rehabilitando la vida desde una nueva forma de relación con el otro.
Porque el ejercicio universal de la dignidad humana es posible (V. Renes), estamos llamados a vivir con una mirada alternativa, creadora, que es capaz de hacer posible lo imposible.
                               (Cáritas Española. Campaña Institucional, 2014-2017- Fundamentación)



¡QUIERO SER COMO JUAN, SEÑOR!
Y que te sirvas de mí, para anunciar tu llegada
Y que me concedas la humildad, para saber que no soy sino tu siervo
Y que me hagas ver los signos de tu llegada

¡QUIERO SER COMO JUAN, SEÑOR!
Y colaborar contigo para que, tu Reino, sea una pronta realidad
Y que venga tu Palabra sobre mí y me empuje a proclamarla
Y que, sin miedo al que dirán, anuncie y denuncie lo que falta en el mundo
Y que, sin miedo a la prueba, anuncie y denuncie lo que sobre en el mundo

¡QUIERO SER COMO JUAN, SEÑOR!
Y que viva este momento, como un momento de gracia
Y que viva mi vida, como una llamada a darme por los demás
Y que viva mi existencia, como un pregón de esperanza
Y que viva mis días, sabiendo que Tú –tarde o temprano- llegarás

¡QUIERO SER COMO JUAN, SEÑOR!
Y ser un heraldo, aunque sea minúsculo, de tu presencia
Y ser un heraldo, aunque sea insignificante, de tu llegada
Y ser un heraldo, aunque me asalten las dudas, de tu grandeza
Y ser un heraldo, aunque me cueste el desierto, de tu nacimiento

¡QUIERO SER COMO JUAN, SEÑOR¡
Rescatando, de los caminos perdidos, a los que andan sin esperanza
Levantando, de los caminos torcidos, a los que cayeron abatidos
Alegrando, de los caminos melancólicos, a los que dejaron de sonreír
Recuperando, de los caminos confundidos, a los que creyeron tenerlo todo

¡QUIERO SER COMO JUAN, SEÑOR!
Un constructor de sendas para los que te busquen
Un arquitecto de autopistas para los que te deseen
Un elevador de puentes, para los que te quieran encontrar
Un ingeniero de pistas, para los que quieran vivir contigo.



En este tiempo de Adviento, resuenan en nosotros las palabras del papa Francisco, que nos invita a “salir”: 
 
El Señor, “que viene”, nos invita a “salir”
La evangelización obedece al mandato misionero de Jesús… (Mt 28,19-20). En la Palabra de Dios apare­ce permanentemente este dinamismo de «salida» que Dios quiere provocar en los creyentes… Hoy, en este «id» de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera. Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio. La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera”.
La alegría del Evangelio es para todos
Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie. Así se lo anuncia el ángel a los pastores de Belén: «No temáis, porque os traigo una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo» (Lc 2,10)
La comunidad hace fiesta
Por último, la comunidad evangelizadora gozosa siempre sabe «festejar». Celebra y festeja cada pe­queña victoria, cada paso adelante en la evangelización. La evangelización gozosa se vuelve belleza en la liturgia en medio de la exigencia diaria de extender el bien. La Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la liturgia, la cual también es celebración de la actividad evangelizadora y fuente de un renovado impulso donativo”.
                                        (Papa Francisco, La alegría del Evangelio, nn. 19-24)


 MÉS FOTOGRAFIES / IMATGES:
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